sábado, 7 de enero de 2023

UN TESORO INSOSPECHADO EN EL CENTRO DE MADRID

🔶 Relato de una breve visita a una sorprendente y desconocida colección de automóviles clásicos

Hispano Suiza tipo 32 de 30 caballos matriculado en febrero de 1923
MADRID ─ Nací en Madrid hace 76 años junto al antiguo Mercado Central de Frutas, Verduras y Hortalizas de Legazpi y aunque eso queda muy lejos del número 16 de la Cuesta de San Vicente que está muy cerca de la Plaza de España, he pasado muchas veces por delante de esa finca de la Cuesta de San Vicente, aunque por la otra mano, la de los impares, camino del aparcamiento subterráneo de la Plaza de Oriente, y también he bajado, no tantas veces, por dicha Cuesta en dirección a la estación de ferrocarril de Príncipe Pío, antigua Estación del Norte, aunque, eso sí, saliendo a la Cuesta de San Vicente por la calle de Arriaza, procedente del Paseo del Pintor Rosales, es decir, que siempre se me había quedado sin cubrir la primera decena, o así, de fincas de la acera de los pares de la Cuesta de San Vicente, donde hace muy poco he descubierto que hay un tesoro que me era totalmente desconocido: un pequeño museo de vehículos de época.

Tradicionalmente, al llegar las fechas navideñas, los fabricantes de automóviles acostumbran a celebrar una comida o una cena con la prensa en la que comentan sus resultados del año o sus proyectos para el siguiente ejercicio. Pero, desde hace tiempo, en las que convoca Renault Trucks, ha habido siempre un evento sorpresa previo a la comida propiamente dicha para desarrollar actividades variopintas como, por ejemplo, una visita en coches de época al Museo Barreiros de Valdemorillo (Madrid), una visita al Museo Princesa Sofía, una sesión de cocina-escuela en el restaurante en que luego iba a celebrarse la verdadera comida o un encierro en un laberinto del que solo se podía salir resolviendo una serie de problemas y acertijos.

Así que cuando el departamento de Marketing y Comunicación de Renault Trucks nos citó este año en el Hotel Apartosuites Los Jardines de Sabatini, situado en el número 16 de la Cuesta de San Vicente, no pude por menos que empezar a especular con cuál sería la sorpresa de este año: ¿asar un elefante?, ¿escapar de alguna recóndita sala del vecino templo de Debod?.

El lugar de concentración era la terraza del edificio de las Apartosuites, situada en la planta 11 del mismo, desde donde se puede contemplar una extraordinaria vista de los Jardines de Sabatini, el Palacio Real, la Plaza de Oriente, etc. Tras los saludos de cortesía y una vez reunida la mayoría de los convocados, una voz femenina requiere la atención de los presentes y, tras presentarse como Charo García Silgo, directora del Hotel, nos invita a tomar el ascensor para ir a la planta baja del edificio, donde tomamos otro ascensor de muy grandes dimensiones que nos condujo al sótano. Y al abrirse las puertas de este segundo ascensor nos encontramos con algo totalmente inesperado: la cámara del tesoro.

Allí, en una gran sala, se exponen más de una veintena de vehículos de época, aunque Charo, por cierto miembro del Veteran Car Club, nos confiesa que tiene algunos ejemplares más en otras dependencias pues la colección de clásicos que inició su padre ya no cabe completa en la sala en que nos encontrábamos.

Enseguida se ve que Charo vive la historia de cada uno de los vehículos que allí tiene, desgranando no sólo anécdotas y características de todos ellos sino también de las fotos murales que adornan las paredes y que nos muestran no solo más vehículos clásicos sino también escenas de las calles de Madrid cuando la construcción de, por ejemplo, el edificio de Teléfónica en la Gran Vía, o un grupo de empleadas de los antiguos almacenes SEPU (locales ocupados hoy por PRIMARK) concentradas ante la puerta de su lugar de trabajo luciendo las carísimas medias de cristal de entonces.

La estrella de la exposición es sin duda el Hispano Suiza tipo 32 de 30 caballos cuya foto abre este artículo. Se trata de un vehículo matriculado el 02.02.1923 según los datos de la DGT. Charo nos cuenta que su propietario era un sevillano y que el vehículo debió pasar la guerra civil española en zona republicana pues se aprecia que alguien intentó hacer desaparecer la bandera española roja y gualda de la insignia de Hispano Suiza situada en lo alto del radiador, raspándola con algún objeto metálico.

Por la izquierda: Ford T y Fiat 501 con el ahí te pudras abierto

Vemos un Ford T de color negro, el color en que salieron pintados  casi todos los Ford T. Y digo casi todos porque, aunque normalmente se dé por hecho que todos los Ford T eran negros, he leído en algún sitio que durante los tres o cuatro primeros años también se ofrecía en otros dos colores más, aunque ignoro cuáles.

Por cierto, conviene advertir que la matrícula de vehículo histórico H-0411-BBB que exhibe este Ford T bajo su faro delantero derecho no se corresponde en realidad con un Ford T, sino, de acuerdo con los datos de la DGT, con un Chrysler New Yorker 5.3 situado un poco más allá, junto a un Cadillac. Tanto este Cadillac como el Chrysler New Yorker son aquellos haigas de que tanto gustaban los toreros para desplazarse de con sus cuadrillas de un ruedo a otro. Tanto gustaban de estos vehículos que podría decirse que para considerarse un verdadero matador, aparte de haber tomado la alternativa, tenía que disponer de uno de esos haigas de cuadrilla.

La Real Academia Española (RAE) incluye en su diccionario la palabra haiga, pero no como forma verbal del verbo haber sino para referirse a un automóvil grande y ostentoso, normalmente de origen norteamericano, añadiendo que el origen de la palabra se remonta a la la posguerra civil española, cuando los nuevos ricos e iletrados, para indicar qué modelo querían adquirir decían: El más grande que haiga.

¿Por qué esa confusión en la matrícula que luce el Ford T de la colección de clásicos que estamos comentando?. Pues muy posiblemente por una caída fortuita de la placa durante alguna visita de grupo o durante la limpieza de la sala y de los modelos expuestos, placa que luego no se supo reponer en el vehículo correcto.

Como el asunto no tiene mayor trascendencia, hemos querido mencionarlo para que si alguien decide, como hemos hecho nosotros, comprobar las placas de matrícula, no se sorprenda si encuentra alguna incongruencia.

Citroën 5 CV Culopollo
Retomando el recorrido por la exposición de clásicos que guardan los sótanos del Hotel los Jardines de Sabatini, vemos que a un lado del Ford T negro, que estábamos comentando, se expone un Citroën 5 CV de color amarillo, matrícula PM-819, a cuyos pies se encuentra una réplica de juguete de dicho modelo. Charo nos comenta que el Citroën 5 CV era conocido por el sobrenombre de el culopollo, por su trasera redondita y amarilla como el culo de un pollo.

A la derecha, según se mira, del Ford T negro, se expone un Fiat nos topamos con otro vehículo, esta vez de color amarillo-crema o crema amarillento, como prefiera el lector, se encuentra un Fiat 501 con el ahí te pudras abierto. Para los no demasiado conocedores de la terminología de los vehículos clásicos o vintage indicaremos que el ahí te pudras es un asiento extra escamoteable, situado tras los asientos normales, de cuya comodidad da una idea muy precisa su propio sobrenombre.

Ford A
Un poco más allá nos encontramos otro Ford, esta vez de color azul, con matrícula de Palma de Mallorca, pero ya no otro Ford T, sino un Ford A, modelo para el que el fabricante estadounidense ya ofreció otras pinturas alternativas a la negra que durante tanto tiempo caracterizó al Ford T.

Proseguimos en compañía de Charo el recorrido por su exposición de clásicos y esta vez nos llama la atención un Bentley Tipo R 4D con matrícula M-6364-HT de 24.04.1987, según los datos de la DGT, obviamente muy posterior al año de fabricación del vehículo, pues estos Bentley estuvieron en producción desde 1952 a 1954. Se trata sin duda de uno de los pesos pesados de la exposición y los expertos lo consideran como un modelo de transición entre el Bentley Mark IV, aunque un poquito más largo que éste, y la serie S (Tipo S). Según Wikipedia, se fabricaron 2.323 unidades del Bentley Tipo R.

Bentley Tipo R 4D
Al igual que su predecesor, el Mark IV, el Bentley Tipo R se ofrecía con una carrocería  estándar, así como con versiones carrozadas por especialistas como H. J. Mulliner & Co., Park Ward, Harold Radford, Freestone and Webb, Carrosserie Worblaufen y otros carroceros.

Es posible que algún lector piense que nos hemos equivocado y que no se trata de un Bentley Tipo R, sino de un Rolls-Royce Silver Dawn. En efecto, ambos modelos son parecidísimos pues aparte de la rejilla del radiador y el sistema de carburación, había muy poca diferencia entre ambos vehículos, aunque el Bentley R Type estándar fue el más popular, ya que del Rolls-Royce Silver Dawn solo se construyeron 760 unidades.

Packard 1601 Eight
Y para concluir este pequeño repaso a unos pocos de los tesoros escondidos en los sótanos del madrileño hotel Jardines de Sabatini, sin desvelar todo lo allí reunido de manera que el visitante descubra por sí mismo el resto, que es mucho, allá va otra joya: un Packard 1601 Eight Sedan que nos sume en un mar de dudas pues, según los datos de la DGT, este vehículo data del 15.09.1931, algo que no es posible, ya que el Packard 1601 Eight, viene a reemplazar al Packard One Twenty en septiembre de 1937, aunque un par de años más tarde, el One Twenty volvería a fabricarse. Es decir, que en la fecha indicada por la DGT, el Eight aún no se hacía. Personalmente creemos que se trata de uno de los muchísimos errores que hay en los archivos de la DGT, fruto en este caso de algo tan simple como confundir un 7 con un 1, en la etapa en que todo era manual, y anotar 1931 en lugar de 1937. Desde luego bastante más probable que pensar que quien registró el vehículo en su momento confundiera Packard One Twenty con un Packard Eight.

A estas alturas del artículo, el lector estará ya interesadísimo por conocer cómo puede visitarse esta magnífica exposición y no queremos tenerle mucho más tiempo con esa inquietud. Charo, directora del hotel, nos indica que la exposición está abierta de manera gratuita a todas las personas alojadas en su hotel, con lo cual bastará con que manifiesten su deseo de visitarla y acordar cuándo.

Hay también la posibilidad de visitas de grupo cuando los organizadores de las mismas celebren algún evento en el hotel u organicen, por ejemplo, una comida tras la cual el grupo visite la exposición. En estos casos, como es natural, lo recomendable es establecer contacto con la dirección del hotel (con la propia Charo García Silgo) y organizarlo todo con ella.

Grupo de periodistas y personal de Renault Trucks al final de la visita a la colección de clásicos comentada