sábado, 21 de abril de 2018

RECUERDOS DEL TRASTERO: UN AUTOBÚS FORD T DE 1911

Este Ford T de 1911 dedicó una gran parte de su vida activa a mover
viajeros en el entorno de un complejo turístico  que hubo en Rubio Canyon

🔴 Con sólo 20 caballos de potencia transportaba turistas por rutas montañosas próximas a Los Angeles (California) ayudándose para ello de tres cajas de cambios encadenadas



MADRID ─ Se trata de uno de los autobuses más antiguos que aún se conservan y su pasado está rodeado de misterio. La primera noticia que tuve de él fue, como ocurre con frecuencia, de pura casualidad, mientras hurgaba en los archivos del museo Auwärter ─el histórico carrocero alemán de autobuses del que nació la marca Neoplan, hoy integrada en MAN Truck and Bus─ buscando otra cosa que nada tenía que ver con este Ford T (al final de este comentario, los lectores interesados tendrán la oportunidad de ver un corto vídeo en que se muestra este vehículo desde todos los ángulos y en el que incluso podrán escuchar el sonido del motor Ford que lo impulsaba).

En aquellos archivos había una ficha técnica en la que aparte de indicar el año en que se construyó (1911) se daban los datos técnicos más importantes: motor Ford de gasolina con 20 caballos de potencia y 2.896 centímetros cúbicos de cilindrada. Tara: 2.310 kilos. Longitud: 4.740 milímetros. Anchura: 1.690 milímetros. Altura: 2.320. Plazas: 9.

Pero aparte de eso, nada más.

Navegando por Internet, encontré en Leftcoastclassics una referencia a un artículo que había aparecido en la revista Cars & Parts Magazine, en una fecha indeterminada ─desde luego del siglo pasado─ que hablaba del vehículo en cuestión. Y digo en una fecha indeterminada porque cuando intenté entrar en Cars & Parts Magazine me salió un mensaje de advertencia en el que me indicaban que esa página de Internet estaba siendo reconstruida y que, si lo deseaba, podía leer la página de Internet de otra revista de repuestos para automóviles del mismo grupo.

Vista posterior de los bajos del Ford T de 1911
Afortunadamente, pude dar finalmente con el texto del artículo en cuestión, el cual había sido escrito por Arch Brown pero no pude precisar en qué fecha. Luego en FLICKR encontré algunas fotos que son las que ilustran este comentario.

El texto de Brown tiene una introducción dedicada a la zona en que el Ford de 1911 que ahora nos ocupa estuvo prestando servicio durante muchos años que aunque no carece de interés descriptivo e histórico, incidiendo en lo abrupto de las montañas de San Bernardino en el sur de California, he decidido obviar para ir más rápidamente al vehículos que nos ocupa.

Decía Arch Brown...

... En la zona quedó un intrigante recuerdo de aquélla época romántica: un pequeño Ford Jitney de 1911, que sobre el puesto del conductor, en el frontal de la carrocería llevaba escrito en grandes caracteres Mount Wilson y Mount Lowe Stage Line (que podríamos traducir por algo así como Trayecto Panorámico de los Montes Wilson y Lowe).

Con frecuencia, al conductor le debían faltar
manos para mover las múltiples palancas 
Al parecer, nadie recuerda, lo más mínimo qué hacía allí ni cómo se usó 
el pequeño autobús. Posiblemente podría haber complementado el servicio proporcionado por los trenes eléctricos, llevando turistas a Rubio Canyon. ¿Y podría, quizás, haber subido la carretera de peaje hasta el observatorio en el cercano Monte Wilson? Incuestionablemente por allí no le faltaban colinas para escalar, ya que el pequeño motor Modelo T de 20 caballos llevaba tres cambios encadenados que, con todos ellos en su relación de desmultiplicación más baja  casi habrían permitido al Jitney subir por una pared (más adelante, se explica de dónde viene lo de Jitney).

Sí, ¡tres cajas de cambios!. La primera, la conocida transmisión Ford de dos velocidades, operada por pedales. Luego, a la izquierda del conductor, la palanca de control de un eje Ruxtell de dos velocidades, mientras que a su derecha hay una caja de cambios Warford de tres velocidades. En combinación, las tres unidades proporcionan 12 marchas adelante y 6 atrás... ¡Y también mucho trabajo al conductor!

En algún momento alguien tuvo la feliz idea de instalar
un velocímetro capaz de medir hasta 100 kilómetros por
hora, con su cuentakilómetros correspondiente
En algún momento a lo largo de los años, el motor original del modelo T fue sustituido por otro de época posterior, con arranque automático. ¡Y alguien, ya sea un agudo humorista o un optimista total, instaló en el Jitney un velocímetro de casi 100 kilómetros por hora!.

Aparte de ese desproporcionado indicador de velocidad, ningún otro instrumento en el tablero. Extraña que en un Ford de 1911, sólo haya una caja de madera para las bobinas. Pero hay una gran bocina que emite un sonido similar al de un ganso enojado, y una fina campanilla de bronce montada en el lado izquierdo. Un gran brazo de señalización en rojo indica las intenciones del conductor, siempre y cuando, por supuesto, le pudiera quedar una mano libre para manejarlo. Y si las lámparas de latón no dan mucha luz, ¡al menos se ven magníficas!.

El indicador de cambio de dirección era fácil de manejar
si al conductor aún le quedaba alguna mano libre
En la parte trasera, la cadena de transmisión vibra ruidosamente cuando el pequeño Ford traquetea. ¿Pero quién espera que un Jitney Modelo T vaya a desplazarse silenciosamente?

El asiento delantero de cuero con incrustaciones de diamantes, que sin duda no es el original, es bastante cómodo. Pero en la parte trasera, los pasajeros iban sentados en duros bancos de roble. Hay espacio para ocho adultos, tal vez 10 si no respiran todos a la vez. También hay en el interior y en la parte trasera de la carrocería una pequeña mesa cuyo propósito no queda muy claro; y en el techo una pequeña lámpara de aceite que no debía proporcionar mucho más que una tenue iluminación.

En primer plano la mesa instalada en la parte posterior del
espacio destinado al pasaje y cuya misión no está clara
Ahora que lo pienso, ¡no es de extrañar que el pobre pequeño Jitney tuviera que tener todos esos engranajes! Una carrocería tan pesada, hecha con madera dura, más las 8 ó 10 personas, era demasiado peso para que un motor de sólo 20 caballos salvara el desnivel de casi 600 metros que había hasta el Pabellón Rubio Canyon. Y eso sin tener en cuenta el equipaje de los viajeros. ¡Un enorme portaequipajes se ocupaba de ese pequeño detalle, y se compadecía del pasajero al que le llovieran los aparejos!.

En el estribo derecho se encuentra un conjunto de tres latas pintadas de vivos colores: rojo para la gasolina, azul para el aceite y negro para el agua. Contando con un poco de experiencia con los Ford T, estamos seguros de que el conductor daría mucho uso a esa lata negra.

El Jitney ha sido propiedad de Delbert Pantel, Chico, California, durante la última década. Lo compró en Glendale, no muy lejos del escenario de su actividad inicial; pero él está tan desconcertado como el resto de nosotros en cuanto a los detalles de los primeros años de vida del vehículo. No importa. ¡Es una gran pieza de conversación!.

Los pasajeros accedían al autobús por una puerta situada en el lado
derecho, justo detrás del puesto del conductor. 
Obviamente, el autobús ha envejecido un poco y el viejo Delbert no lo tuvo durante 20 años. El Jitney tuvo un propietario anterior que lo mantuvo y lo guardó en un garaje cubierto y con calefacción. Necesitará unos pocos fines de semana para sacar brillo al bronce y subsanar algunos detalles, pero funciona y funciona bien. El portaequipajes original ha sido reemplazado por el último propietario. Si eres un coleccionista de Ford modelo T, ¡este Jitney es obligatorio!.

Hasta aquí, el artículo de Arch Brown.

¿Por qué Jitney?

Al principio, al leer lo de Jitney Service en los laterales de la carrocería del pequeño autobús al que hoy prestamos atención, lo primero que se me vino a la mente es que pudiera ser el nombre de la empresa propietaria. Pero la cosa tiene bastante más historia.

Vista de la batería que abastece de eléctricidad a la
rústica instalación de cableado
Resulta que jitney es una palabra que significa colectivo, por lo que Jitney Service sería Servicio Colectivo. Dicho así y aún para los años previos a la primera guerra mundial, parece desproporcionado colocar ese rótulo en grandes letras en los dos lados del vehículo, suena a obviedad para un autobús, aunque sea de sólo 9 ó 10 plazas.

Por ello, nos pusimos a tirar del hilito y finalmente nos encontramos con que la denominación Jitney no es ni más ni menos que un precedente, en 1910, de los actuales coches compartidos (carsharing), viajes compartidos, etc. Esto es, de lo que en la actualidad creemos haber descubierto con compañías como Uber, Lyft, Sidecar, etc. Una vez más, nada nuevo bajo el sol.

Vista frontal del Jitney Ford T
Fue un servicio que surgió a partir de 1910 como complemento flexibilizador de las líneas oficiales de autobuses. Los propietarios de los coches usados de mayores dimensiones transformaban la carrocería de éstos para convertirla en un microbús con el que prestaban servicio discrecional de transporte de viajeros. No había trayectos fijos, ni paradas en cada esquina y el conductor iba llevando al personal al sitio que quedaba cercano a los lugares a los que se deseaba ir pero modificando el itinerario sobre la marcha. Además, los viajeros podían coger los Jitney en plena marcha, agarrándose a algún asidero y subiendo a los grandes estribos laterales, donde permanecían si no había asientos libres.

Como el Jitney iba abierto, se podía fumar en él, cosa que no estaba permitida en los autobuses autorizados ─se nos olvidaba indicar que salvo en su fase inicial, los Jitney terminaron siendo declarados ilegales por la presión de las empresas de autobuses tradicionales y, ¡cómo no!, de las de taxis y hasta por el propio ferrocarril. Fue tal la presión que algunos años después terminarían por desaparecer incapaces de resistir el acoso de sus rivales.

Y, a continuación, el vídeo prometido: