viernes, 13 de abril de 2018

¿HACIA UN GIGANTESCO FIASCO DE LOS VEHÍCULOS ELÉCTRICOS?

🔴 Los objetivos, unos obligatorios otros voluntarios, de cuota sobre el total de ventas pueden llevar a sus fabricantes a tener que afrontar grandes pérdidas en sólo unos pocos años


Nissan, con su modelo Leaf, es una de las marcas que más han apostado
por los vehículos eléctricos para los que desde el primer momento se
impuso unos objetivos de ventas que el tiempo ha demostrado que eran
no ya optimistas sino hasta disparatados

MADRID ─ Los seguidores de esta web-blog ─las estadísticas muestran que los hay─ saben perfectamente que soy bastante escéptico en algunas cosas que, por el contrario, son generalmente aceptadas por una mayoría, entre ellas la difusión inmediata o a muy corto plazo de los vehículos eléctricos puros, llamémosles VEP. Siempre que el asunto sale a colación en algún coloquio o rueda de prensa y me dicen que no me empeñe en mi escepticismo, que lo de los vehículos eléctricos es sólo cuestión de tiempo, para desesperación de mi interlocutor suelo responder: Eso está fuera de toda duda; de hecho llevan casi siglo y medio tratando de que sean aceptado por  los usuarios. Y luego paso a recordarles que no deben pensar sólo en el VEP en sí, sino en todo lo que conlleva en torno a él. Pero, como si nada.

Sorprendentemente, hace un par de días me topé con un artículo publicado en la revista estadounidense WardsAuto, por John McElroy, uno de sus columnistas, titulado El inminente fiasco de los VEP, en el que descubrí que, al parecer, no soy el único raro.

McElroy comienza por recordar que, en los próximos cuatro años, la industria mundial del automóvil va a invertir más de 100.000 millones de dólares (unos 81.000 millones de euros, al cambio actual) para fabricar dos centenares de modelos de VEP pese a la exigua demanda con que cuentan éstos. Algo que fundamentalmente se debe a las regulaciones que gobiernos nacionales y locales están introduciendo alegando motivos diversos. Pero los planes de producción son mucho más ambiciosos que lo que van a comprar los automovilistas, por lo que nos dirigimos a un naufragio de proporciones épicas, expone ─suponemos que aterrado─ McElroy.

Para que el lector juzgue por sí mismo las dimensiones de los planes de producción de VEP previstos, el autor del artículo que comento expone que, por ejemplo, China exige que el 20 por ciento de todos los vehículos vendidos en 2025 sean VEP. En Europa, los fabricantes de automóviles se han impuesto voluntarioamente una cuota del 20 por ciento en el mismo período de tiempo, mientras que en Estados Unidos, California y otros nueve estados han establecido una cuota obligatoria del 15 por ciento.

Parece como si los fabricantes de automóviles participaran en una competición para ser los que más dinero gasten en fabricar modelos diferentes de VEP y grandes cantidades de todos ellos. McElroy cita que, según algunas estimaciones, en el período 2021-2022 y sólo en Estados Unidos, está previsto que lleguen 120 nuevos modelos de VEP a las exposiciones de los concesionarios.

El mercado no los quiere

Y bien, ¿cuál es la demanda previsible de este tipo de vehículos?. Pues McElroy deprime a sus lectores recordándoles que la demanda de VEP sigue siendo muy pequeña y que en Estados Unidos representa aún sólo el 0,6 por ciento de las ventas anuales. Y aunque en China y algunos países europeos, sean algo mayores ─gracias sobre todo a las ayudas económicas oficiales para este tipo de vehículos─ siguen siendo una parte mínima del total de las ventas.

En España, añadimos nosotros, se matricularon 4.164 coches y todo terrenos eléctricos en 2017, un año en que el total de las ventas de esos vehículos se fue a 1,23 millones de unidades, es decir la aceptación de los VEP fue del 0,3 por ciento y eso gracias a las ayudas gubernamentales.


Pensando sobre todo en el prometedor mercado chino, Aston Martin
iniciará en el transcurso de 2019 la producción de su modelo RAPIDe,
un eléctrico puro de gran lujo para el que se prevé una serie de
lanzamiento de... ¡155 unidades!
¿De dónde van a salir los compradores que sean capaces de llevar las ventas de 80.000 VEP al año a más de 1 millón en sólo unos pocos años?. ¡Eso representaría el cambio de mercado más rápido en la historia de la industria!, dice McElroy.

Por eso, el columnista se ve obligado a exponer lo que toda mente sensata prevé que va a pasar y que no es otra cosa que, al menos en Estados Unidos, en los próximos tres o cuatro años, podrían salir a la venta más de 100 modelos de VEP, frente a los 12 actuales., unos modelos que harán un poco de ruido en los medios de comunicación, pero una vez que la mayoría de los compradores se enteren de lo que cuestan o descubran los pagos mensuales del renting de los mismos, se buscarán algo más asequible.

Hacia un abismo de pérdidas

Pero claro, dado que los fabricantes de automóviles tienen la obligación de vender porcentajes específicos de VEP o enfrentarse a multas muy gordas si no lo hacen, se verán forzados a ofrecer grandes descuentos y perderán mucho dinero. Los distribuidores se mostrarán reacios a pedir más VEP para no cargarse con un inmovilizado de salida muy lenta.

Por si fuera poco ─recalca McElroy─ los valores residuales de los VEP usados se vendrán abajo pues ya se ha comprobado que si baja es la demanda de los eléctricos nuevos, mucho más baja aún es la de los eléctricos usados. Y ya que los valores residuales son los que determinan los pagos periódicos del renting de los VEP nuevos, esos pagos periódicos se dispararán, so pena de que los fabricantes se avengan a subvencionarlos, lo que les hará perder aún más dinero.


En 2019 está previsto el lanzamiento del Model Y en Estados Unidos,
aunque lo de cumplir los plazos no parece ser el punto fuerte de Tesla
McElroy admite que en el plazo de una década los VEP podrían llegar a ser asequibles y prácticos, pero no en los cuatro años próximos. Y si en esos cuatro años el público que hoy es partidario de los VEP se forma una opinión negativa sobre éstos, será casi imposible cambiarla en el futuro ─que es lo que viene pasando desde el último siglo y medio, añadimos nosotros─. Y la realidad es que en el transcurso de los próximos cuatro años los automovilistas se encontrarán con unos VEP que son caros, tardan en recargarse y tienen una autonomía limitada.

Aunque de continuo nos cuenten que el precio de las baterías está cayendo, que las baterías de estado sólido revolucionarán los VEP y que va a crecer el número de puestos de recarga rápida, eso no va a ocurrir lo suficientemente pronto para evitar el inminente fiasco, concluye McElroy.

¿Y si tan claro está lo que va a pasar, por qué los fabricantes de automóviles se comprometen incluso voluntariamente a conseguir tan importantes cuotas de ventas con sus VEP?, se preguntarán nuestros lectores. Pues porque hay una cosa que con frecuencia se olvida o no se quiere recordar: que de la producción de ciertas cantidades de vehículos ecológicos de muy baja contaminación depende que las autoridades les permitan seguir fabricando los vehículos convencionales con motor de combustión interna, que es de donde los fabricantes sacan el dinero. Si luego pueden dar salida a los vehículos eléctricos eso es algo que a las autoridades parece importarles un comino.