sábado, 4 de enero de 2020

LA DÉCADA PELIGROSA

🔸 Forzada por la demagogia de los políticos, la transición a la electro movilidad va a llevar a la industria del automóvil a una etapa de consecuencias imprevisibles


A no tardar mucho, los fabricantes de coches y
sus proveedores tendrán que recortar su fuerza
laboral en al menos un 25 por ciento
MADRID ─ Si el lector piensa que estas líneas van a estar dedicadas a aquél macrogrupo musical que surgió en España a finales de los años 80, que llegaron a representarnos en el festival de Eurovisión y que desde entonces se ha mantenido vendiendo discos con gran éxito, le recomendamos que vuelva a leer el título de este comentario y repare en que no vamos a hablar de La Década Prodigiosa, que es como se denomina el mencionado conjunto musical, sino del período de 10 años que ahora comenzamos y que nosotros vamos a calificar como la década peligrosa por los riesgos que entraña para el concepto tradicional de industria del automóvil. Desde sus orígenes y hasta ahora, el desarrollo tecnológico de los automóviles ha venido siendo impulsado por la necesidad de atender las necesidades de transporte de la sociedad en general y de los ciudadanos en particular.

Sin embargo, acometemos los años 2020 cambiando de manera drástica aquellos motivadores del desarrollo tecnológico por otros que rompen el esquema tradicional de la industria, hasta el punto de provocar una convulsión en unos y otra, reorientándolos por unos caminos marcados no por técnicos o ingenieros, como había venido siendo hasta ahora, sino por unos políticos que, obedeciendo principalmente a intereses demagógicos, van a imponer unos condicionantes brutales en su alcance y en el tiempo en que se pretende conseguir éste, sin contar para ello ni siquiera con unos argumentos científicos y técnicos sólidos.

Así es la política y, remedando a Groucho Marx, si los objetivos que ahora se marcan no pueden cumplirse, ya se marcarán otros cuando haga falta. Entretanto, dan igual las consecuencias que puedan tener los objetivos ahora marcados y los que pueda haber que marcar más adelante, como puede verse ya en la contracción de casi un 5 por ciento en las ventas de coches que se ha registrado en España en 2019, después de la recuperación que se había conseguido tras el desastre originado por la burbuja financiera en 2007-2008.

Está claro que los gobiernos europeos no son conscientes de que las medidas que han tomado para favorecer la electro movilidad van a frenar y hasta detener inevitablemente el desarrollo de los vehículos propulsados por motores de combustión interna, pues los fabricantes de automóviles tendrán que reconducir los recursos financieros de que disponen hacia los vehículos eléctricos, puesto que no disponen de suficientes reservas de dinero como para mantener el desarrollo en ambos frentes y, por otra parte, tampoco tiene mucho sentido destinar fondos a seguir evolucionando y perfeccionando un producto que ya ha sido condenado por los políticos.

Los gobiernos tampoco parecen ser conscientes del negativo impacto económico que los fabricantes de automóviles van a tener que encajar al verse forzados a amortizar las inversiones que habían realizado en el frente de los vehículos de combustión interna en menos tiempo del que inicialmente habían previsto.

Aún peor, a la vista de la flojísima aceptación con que los automovilistas acogen hasta ahora los coches eléctricos, la amortización de las fuertes inversiones que los fabricantes de vehículos están haciendo ahora en el desarrollo de sus modelos eléctricos puede llegar a eternizarse.

Destrucción de empleo

En esta web-blog ya nos hemos referido hace pocas semanas a otro gravísimo impacto que en la sociedad occidental va a tener el tránsito hacia la electro movilidad. Nos referimos al previsible gran descenso en el empleo, derivado del hecho de que los coches eléctricos requieren para su fabricación mucha menos mano de obra que los vehículos con motor de combustión interna.


La transición a las electromoviliad también afectará muy negativamente
al empleo en el ámbito de la posventa: talleres, gasolineras, etc.
Y el problema afecta a buena parte de la cadena de producción: Mercedes, Audi, Volkswagen y algún otro constructor ya han anunciado fuertes recortes de plantilla para los años venideros. Y, claro está, los proveedores de estas firmas, también van a tener que hacer lo propio. Continental, que no sólo fabrica neumáticos, sino también otros equipos y sistemas para el automóvil, ya ha anunciado recortes de personal y serán muchos otros los proveedores de componentes que tendrán que seguir por el mismo camino.

Sólo en los dos últimos meses de 2019, la industria automovilística europea y estadounidense ha anunciado que recortará unos 80.000 puestos de trabajo en el quinquenio que acabamos de comenzar. La cosa será aún peor pues hay previsiones que temen que pueda llegar a perderse la cuarta parte del empleo que hasta ahora vivía del automóvil.

También la posventa se va a resentir, pues los coches eléctricos no requieren tanto mantenimiento periódico como los motores de explosión. A un motor eléctrico no hay que cambiarle el aceite, ni el filtro del aire, por poner algunos ejemplos. Las propias gasolineras convencionales tampoco escaparán a la tijera laboral.

Indudablemente y empujados por la insensatez de los políticos, hemos entrado en una etapa de consecuencias imprevisibles: una década peligrosa... ¡muy peligrosa!.